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Miradas con decisión

En algunas ocasiones me pregunto si he hecho esto bien o mal o si lo que ha hecho la otra persona es más correcto o menos.

Pero me he dado cuenta de que eso no importa, lo que tenemos que mirar es cómo te hacen sentir tus actos o los de los demás.

Ya puedes llevar razón o querer llevarla, está bien, tú mismo, pero si me haces sentir mal, todo lo demás me da igual. Siempre será tu punto de vista, correcto o mejor para ti, pero no tiene que serlo también para mí.

Porque lo único y más importante es sentirte bien, libre, si no sientes eso, es mejor que te separes de esa persona que te provoca un sentimiento negativo.

Podríamos hablar aquí también de salir de la zona de confort, no serás la única persona a la que le afecte tu cambio, pero que cada cual aguante su vela. Seguramente tus decisiones o actos también afecten a otra persona, pero no por ello vamos a dejar de actuar así. No quiero decir que haya que hacer daño al otro y no pensar en él o ella, pero hay situaciones en las que tenemos que ser egoístas para no lastimarnos.

Nos encanta echarnos la culpa o sentirnos mal por ciertas decisiones que tomamos, porque no sé si os ha pasado alguna vez, a mí unas cuantas, que todo el mundo opina sobre tus decisiones y una cosa es que te den su opinión sin más y otra muy diferente que te digan que te ha​s equivocado, que cómo se te ocurre. ¿Por qué está bien tu forma de pensar y no la mía? Si alguien tiene la explicación, le agradecería una respuesta.

La razón la tenemos cada uno de nosotros y si tu decisión te hace bien, ¿qué tienen que decir los demás?¡Ah sí!, si te sale mal, ya habrá alguien para decirte esa frase tan apetecible de oír y tan empática como es: ¡te lo dije!

Me dijiste ¿qué? ¿Que tengo que vivir mi vida como tú quieras? ¿Que tengo que experimentar las cosas como si estuviera en una película de realidad virtual? ¿Que no puedo experimentar las situaciones en mi propia carne para darme cuenta de las cosas?

La gente que me conoce sabe que soy algo cabezota y que muchas veces me da igual lo que me digan porque voy a actuar como me dicte mi corazón o mi cabeza, depende del momento. Acepto consejos, pero la decisión final es mía y de nadie más. Me habré confundido muchas veces y quiero hacerlo muchas más, porque no quiero una vida perfecta, quiero equivocarme y aprender de mis experiencias, que no errores, porque lo que nunca debemos hacer es arrepentirnos de lo que decidimos. Yo por lo menos intento no hacerlo.

Seamos valientes y echemos miradas con decisión a todo y a todos, que conste, que soy la primera que me lo tengo que aplicar en muchas ocasiones, pero poco a poco voy aprendiendo, porque hacerlo no es otra cosa que creer en ti y en tus posibilidades. No es otra cosa que quererte y valorarte por encima de todo. No es otra cosa que tomar las riendas de tu vida y vivirla sin miedo a cómo te mire el de al lado.

Porque la vida son sensaciones y cada uno las vivimos o deberíamos vivirlas a nuestra manera.

 


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Miradas con experiencias

Ahora podría empezar a hablar de que la experiencia es un grado, que la gente de avanzada edad tiene mayor experiencia en la vida y nos puede enseñar, pero no quiero hablar de la experiencia en ese sentido, me gustaría hablar de todas y cada una de las pequeñas experiencias que vivimos cada día y que nos hacen sentir vivos, libres. De esas pequeñas cosas que nos cuesta horrores valorar, de esas que parecen poco importantes pero que cuando te faltan se echan de menos.

Porque muchas veces parece que es necesario tener o vivir grandes cosas o experiencias para disfrutar y para aprender y nada más lejos de la realidad. No creo, afirmo que en los pequeños detalles está todo, la suma de todas las pequeñas cosas nos da el detalle más grande.

Hace unos días viví cientos de momentos increíbles en muy poco espacio de tiempo que me han demostrado mucho. He sido testigo de una boda llena de pequeños detalles que me han hecho vivir grandes experiencias. Este fin de semana he descubierto más si cabe lo que es el mimo, el cuidado, el amor por hacer las cosas bien y por hacer que los de alrededor se encuentren aún mejor.

Este fin de semana me he dado más cuenta de muchas pequeñas cosas que me han hecho conocer más a muchas personas, empezando por los novios: Eli y Carlos y siguiendo por todos y cada uno de los que he tenido al lado durante estos 3 días. Y abrir los ojos de esa manera y haberse sentido tan bien, solo se merece recibir un GRACIAS.

Carlos, Charlie, Reko, gracias por querer compartir uno de los días más importantes de tu vida conmigo. Gracias por mantener siempre la calma y ver siempre el lado positivo de las cosas. Yo soy puro nervio y muchas veces me enveneno yo sola ante tanta tranquilidad, pero gracias por no contagiarte y hacerme ver lo que realmente importa. ¡Eres único!

Eli, no he podido pasar mucho tiempo contigo, te conozco más por lo que me cuentan, pero te aseguro que solo escucho cosas buenas, así que por algo será, sobran las palabras. Eres luchadora y parece que nada es imposible para ti, lo que te propones lo consigues. Gracias también por compartir todas las experiencias de ese día tan bonito y emotivo conmigo. Me encanta y es un orgullo para mí que me sigas en esta pasión por escribir.

Gracias a mis compis de piso durante estos días.

Martita, pelitos, gracias por tu generosidad, tu fuerza y tus pequeños cabreos que me hacen reír. Gracias por olvidarte que ya tenemos “taitantos” y seguir siendo una niña mayor. Gracias por aguantar mis desahogos a diario. A mí las amigas me gustan así :). ¿Me subes la radio y bailamos?

Mi Martis, gracias por hacerme reír tanto y por no perder a esa niña inocente que llevas dentro, gracias por dejarme cuidarte como si fueras mi hermana pequeña y digo como si fueras porque el aspecto físico y la sangre nos delata, pero nuestro cariño lo puede todo. ¿Nos casamos?

Nico, mi pequeño Nico. Gracias por esas confidencias, por dejarme que te trate sin tapujos. Gracias por esos abrazos tan reconfortantes, amables y cariñosos que me das. Me transmites paz, menos cuando te entra tu nervio vacilón, que tanto me hace reír. Podría vivir abrazada a ti, pero ¿lo dejamos mejor para el invierno? ;P. Gracias por obligarme a quererte, solo espero que no sea para después poder odiarte ;).

Miguel, mi amor incondicional, divertido y sensible. Conocerte ha sido de las cosas más bonitas que me han pasado en los últimos años. En serio, me pasaría la vida hablando y riendo contigo, sin parar. Gracias por tu ternura y tu forma de mirarme, gracias por estar pendiente de mí en cada momento. ¿Crees que podría adoptarte? 🙂

Y no me puedo olvidar de mi canariona favorita, mi picantona y divertida Veris y su amor David, más picantón si cabe. Pareja para envidiar y simpática a raudales. Chicos, gracias por dejarme formar parte de vosotros. Los ratitos a vuestro lado siempre son geniales. Ya sabéis que algunas bodas se me dan mejor que otras ;), jajajajajaja.

Marina, gracias por descubrirme lo que hay detrás de la Marina curranta y madre que vemos todos los días. Por favor, sigue regalándome momentos de bailoteo y copas. Gracias por escucharme, animarme y reconocerme cuando más lo necesito. ¿Para cuando otro rico masaje sobre la arena de la playa?

Rachelita (Reichelita) ¿Conoces esa sensación que te da cuando llevas mucho tiempo sin ver o saber de una persona y cuando te reencuentras todo parece igual, como si no hubiera pasado el tiempo? ¿Cuando piensas que se han olvidado de ti y se funden contigo en un abrazo y te hacen sentir que te quieren a pesar de la distancia?. Pues eso, no hay más explicación. ¡Gracias!

Elena, mi bomboncito, nos conocemos menos, pero siempre me dedicas una sonrisa o una buena palabra y lo valoro, valoro todo por pequeño que sea. Gracias por ayudarme cuando lo necesito y por tener siempre un gesto bonito hacia mí.

Y Nata, no me olvido de ti. Gracias por tus divertidos bailoteos que nos sacan una sonrisa, por tu inocencia, que a veces es mala, pero otras se vuelve tremendamente necesaria, sobre todo para disfrutar más en determinadas situaciones. Ser niño de vez en cuando es bueno para la salud.

No quiero parecer pelota, sabéis que escribo desde el corazón y lo que no me sale no me sale, no se me suele dar bien forzar situaciones. Lo que quiero reflejar con todas estas pequeñas miradas es que gracias a todos y cada uno de vosotros, gracias a la suma de pequeños detalles, he pasado 3 días maravillosos, que repetiría sin dudar con los ojos bien cerrados, porque sé que entre todos podríais guiarme.

Quédate con todas estas pequeñas experiencias, valora cada momento, cada detalle insignificante, porque es lo que da valor y sentido a nuestra mirada, es lo que da el verdadero sentido a la vida.


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Miradas encubiertas

A mí la mentira no me gusta, rehuyo de ella porque creo que no va a ninguna parte. Engañas al otro, algo que en mayor o menor medida nos puede dar igual. Pero estamos muy confundidos, porque en realidad te engañas a ti mismo y eso, ¿de qué sirve? ¿Creerte tus propias mentiras te hace mejor o te hace sentir mejor?

Aquí está el quid de la cuestión. Algunas veces necesitamos escondernos detrás de mentiras para poder vivir mejor. Parece que si no aceptamos la realidad y nos la inventamos, conseguimos un atisbo de esperanza que nos permite respirar más profundamente, sin ahogarnos, sin salirnos de lo establecido, sin desentonar con el resto de la sociedad, sin enfrentarnos a nuestros miedos, es decir,  sin valor para afrontar, sin ganas de cambiar, sin dar sentido a quién eres, y por lo tanto, dando pie a convertirte en una persona conformista, por el simple hecho de esconderte para evitar represalias o malas miradas.

Alguna mentirijilla de vez en cuando no es mala, el problema viene cuando nos la creemos firmemente nosotros mismos, porque en ese punto ya estamos perdimos, ya estamos dejando de ser nosotros para ser nuestro yo inventado y deseado.

Seguro que muchas veces no podemos llegar a ser ese o esa que deseamos, pero por lo menos habrá que intentarlo, ¿no? De nada sirve lamentarse, sin ni siquiera haber movido un dedo para conseguir convertirnos en lo que queremos ser.

¿Y qué me decís de las corazas que a veces nos ponemos? ¿Creéis que forman parte de la mentira? Podríamos decir que más bien son miradas encubiertas, tapadas, disimuladas, para evitar el daño y el dolor. Porque nos importa mucho, demasiado diría, lo que piensen de nosotros y nos hace tanto daño la opinión que tienen otros de nosotros, que somos capaces de cualquier cosa por ocultar lo que pensamos que al otro no le va a gustar.

Siempre queremos quedar bien, pero estamos confundiendo quedar bien o ser respetuoso con alguien con tener que dar la razón y hacer como que piensas igual que la otra persona y eso, perdonad, pero no puede ser, no nos lo debemos permitir, porque si lo hacemos, ya estamos encubriendo de nuevo, ya estamos mirando de forma oculta, sin ser claros, y digo claros, no transparentes, que tampoco hace falta exponernos al cien por cien.

Aunque yo soy de esas que se exponen sin protección, a pelo, siempre digo lo que pienso o siento, cada vez más y sí, a veces me arrepiento, pero enseguida se me pasa porque pienso que en realidad no he hecho nada más que ser yo misma, sin pensar en nadie más que en mí. Y si en algún momento no quiero ser clara o expresar mis pensamientos, no miento, no miro de forma encubierta, sencillamente me callo. Porque muchas veces es mejor permanecer con la boca cerrada que mentir y hacer creer al resto cosas que todos sabemos que no son verdad.

 


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El juego de una mirada

Un día me dijo mi hermano: cuando no quieras que te caiga una bronca o pases de escuchar a alguien ya sea para bien o para mal es muy importante que no mantengas contacto visual con esa persona. Porque entonces irá a por ti. Es un poco así como la mirada del oso, me decía, aunque creo que esto va más con los gorilas. Si los miras directamente a los ojos, tienes muchas posibilidades de que te ataque, porque lo sienten como una amenaza o provocación.

Y qué razón tiene, esto pasa también con las personas. El otro día me encontraba con una amiga en un bar y si mirabas de reojo a nuestro alrededor, encontrabas unas cuantas miradas buscando un pequeño contacto para poder empezar a hablar o para dedicarte algún gesto amable. “No contacto visual” nos repetíamos una y otra vez. Aunque a veces ni eso daba resultado y otras incluso lo buscábamos nosotras. Es un juego divertido, aunque a veces demasiado arriesgado 🙂

Con esto quiero poner de relieve la importancia de las miradas. A veces solo es necesaria una de ellas para que puedan llegar a surgir muchas cosas, por supuesto, no siempre negativas, casi siempre acaban siendo agradables o por lo menos divertidas, dependiendo de muchos factores. Muchas veces no es necesario intercambiar ni una sola palabra para comprender lo que nos dice una mirada.

Hay gente que se dedica a buscar miradas desesperadamente por entablar una conversación, no me parece mal, pero a algunas se les ve el plumero. Por ejemplo, llevo unos 8 años cogiendo el mismo tren por las mañanas, pues resulta que hay un chico/madurito, que hace lo mismo todos los días y siempre va buscando que alguna chica, y digo chica porque siempre es así, si es joven y aparente mucho mejor, cruce su mirada con él para sentarse al lado y preguntarle cosas como, perdona, este tren va a las Rozas, es que hace mucho que no vengo por aquí. ¿Hola?, ¿me estás vacilando? Aunque claro, yo que soy tan educada y no me gusta quitar la ilusión a nadie, le he contestado varias veces amablemente en lugar de decirle, ve a vacilar a Rita, chatito.

Pero así son las cosas, por eso yo evito ciertas miradas, aunque también es cierto que busco muchas otras. Puedes estar a bastantes metros de distancia, pero como haya contacto visual…, prepárate para lo que viene, porque puede dar pie a un juego que nunca sabremos cómo va a terminar.

Y es en este juego donde te das cuenta de la gran cantidad de tipos de mirada que existen: miradas desafiantes, amables, simpáticas, bordes, pesadas, envidiosas, de pena, de alegría, de seducción, apáticas, de asco, misteriosas, atrevidas, descaradas. Un sin fin de miradas, que no las tienen unos sí y otros nos. Todos y cada uno de nosotros las compartimos. Todos en algún momento de nuestra vida hemos echado a alguien alguna de estas miradas, ¿o no?, ¡piénsalo!. Acabo de hacer la prueba y he ido haciendo repaso por cada una de ellas y en todas me viene a a cabeza alguna situación con alguien en la que mis ojos has expresado ese sentimiento. Esto no nos hace ni mejores ni peores, nos hace sinceros y ricos, porque mirar siempre igual es aburrido, pobre y de poco fiar.

Por eso debemos de jugar con las miradas. Como decía es algo muy divertido, pero tienes que estar dispuesto a jugar y a arriesgarte. No vale provocar y luego hacerse el loco, no, hay que cumplir unas normas. Si juegas, tienes que llegar hasta el final, aunque luego des media vuelta y abandones el juego.

¿Te atreves?

 


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Hoy te miro a ti, mi amiga de sangre

Aunque parezca mentira, yo ya tenía una edad para recordar el día que naciste. Sí, así es, un nuevo miembro llegaba a la familia y para mí, al igual que tu hermana, eras el nuevo juguete al que me tocaba cuidar ejerciendo de prima mayor. Quién nos iba a decir ahora que casi eres tú la que me cuidas a mí.

Igualita que su padre, decía todo el mundo. Y es que eres igualita, pero no solo físicamente, tu pasión por los coches y la conducción venía inyectada en tus genes y estoy convencida de que acabarás dirigiendo tu propio taller :). Vales para ello y sé que es lo que de verdad te gusta.

Siempre te he visto como la prima pequeña, tímida, con la que no tenía nada en común excepto la sangre y que eras mi primita chica. Y mira por donde, cosas de la vida, que por culpa, o mejor dicho, que gracias a dos chicos con los que compartimos parte de nuestra vida, nuestra relación se convirtió en algo muy especial.

Y puntualizo, más que por ellos, por las circunstancias que vivimos cada una en su parcela, tan diferentes pero tan iguales. Ese momento fue el punto de partida para empezar a hablar más, vernos a menudo y entendernos. Fue el momento de pasar de ser primas a grandes amigas para compartir un montón de risas, llantos, confidencias, agobios, vivencias, salidas nocturnas, copas, bodas, bautizos y comuniones, camas, coches e incluso algún que otro divertido San Fermín.

Chica con carácter, de primera impresión fría y distante, pero con un corazón inmenso que se debilita pronto, por cualquier detalle. Eres dulce, sencilla, sincera, insegura, pero cada vez más decidida. Siempre buscas el apoyo de la gente y así te sientes bien, tranquila, protegida. Eres vulnerable, pero has aprendido a salir adelante, a superar tus miedos y sobre todo y muy importante, has conseguido sacar de tu vida a todas aquellas personas que te aportan menos uno.

Todavía recuerdo la primera vez que me dijiste que me admirabas, cuando todavía no entiendo el porqué. Yo me he superado y tú también lo has hecho. Hemos tenido​ la misma maestra y eso hace mucho, porque solo las que la conocemos sabemos lo especial que ha sido para nosotras y lo agradecidas que le estamos. ¿Sabes de quién te hablo, verdad?

A veces no me queda otra que ejercer de madre o de hermana mayor, porque aunque mi padre y tu madre sean hermanos y nosotras seamos tan normales (que no se ofenda ni mi padre ni mi tía, que es una coña entre nosotras 🙂 ), a ti también se te va la olla de vez en cuando y tengo que regañarte intentando ponerme seria, porque me da la risa con tus venazos. Y sobre todo cuando me río y tú permaneces seria y totalmente convencida de que has hecho lo mejor y que el resto del mundo está confundido y en tu contra.

Este es un pequeño homenaje por tu cumpleaños, pero también es una manera de darte las gracias. Gracias por estar ahí escuchándome en cualquier momento, sea la hora que sea, gracias por soportar mis tonterías y mis comeduras de tarro, gracias por ser mi confidente y por darme tu punto de vista más maduro cuando me olvido de que tengo 9 años más que tú. Gracias por hacerme sentir como una niña cuando te sigo en alguno de tus planes locos. Gracias por hacerme reír con tus mensajes incompresibles de Whatsapp, aunque tengo que confesar que hasta te entiendo, jajajaja.

¡Muchas Felicidades pequeñaja! No cambies nunca, porque das vida.

Fdo. Tu amiga de sangre, que te quiere

 

 


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Las miradas de la edad

¿Cuántas veces nos han dicho, a los que pasamos de los treinta e incluso a los que no llegan, que ya tenemos una edad?
Una edad ¿para qué?, ¿para amargarse?, ¿para quedarse en casa?, ¿para ser los más serios del planeta?, ¿para ser super responsables y dejar de hacer locuras?

Pues yo echo de menos esa edad en la que se podía hacer casi cualquier cosa porque estaba en esa “edad” y todo se justificaba porque era el momento para ello. Bueno, más bien echo de menos vivir esos tiempos con mucha gente, porque yo, sigo haciéndolo siempre que puedo, que intento que sea casi todos los días.

A veces me despierto y analizo una situación y digo, madre mía, ni que tuviéramos 15 años, ¿y? No los tengo y me he sentido como si los tuviera. Eso es lo bonito, no encasillarse en vivir la vida de una manera simplemente por la edad. Hay que vivir la vida con sentido, como dice Víctor Kuppers. Con el sentido que nosotros queramos darle, con el que nos haga feliz, con el que estemos a gusto.

Ya nos marcan demasiadas cosas en esta sociedad como para vivir marcados con una etiqueta que nos diga cómo tenemos que mirar al mundo. Si creemos en un mundo sin etiquetas o estamos intentando luchar por él, no lo hagas tú y menos a ti mismo.

Es que cada etapa de la vida tiene su momento, oímos de vez en cuando, ahora te toca ser responsable. No señores, responsables debemos ser desde que nacemos y para nada está reñido con pasarlo bien, ser alocado, reírte incluso tratando temas menos serios. No, no lo está. De hecho en esa chispa de la vida, que no deberíamos perder nunca, está la clave para superar lo que queramos.

No sé a vosotros, pero a mí la gente seria, que te mira con cara de circunstancia cuando sueltas una broma en un momento un poco tenso o en un sitio que no es el bar, la playa o una fiesta, me aburre soberanamente y no me fío de ella, no sé, siento que me están juzgando para mal, poniéndome una personalidad y una forma de ser que no me corresponden y que simplemente ellos se forman en su cabeza. Un yo que no soy yo, un yo que no existe en realidad.

Tener la cabeza sentada, no es quedarte sentado viendo pasar la vida, simplemente porque tienes una edad. Tener la cabeza sentada es saber lo que quieres en cada momento y hacer lo posible por conseguirlo, teniendo claro que no debes hacerte daño a ti ni a los demás. Tener la cabeza sentada es creer en la libertad de hacer lo que quieras dentro de los límites de tu moralidad y siempre, siempre, con respeto. Tener la cabeza sentada es no tener miedo porque sí, es estar seguro de lo que sientes y piensas y atreverse a contarlo sin miedo al rechazo. También lo es por supuesto no criticar sin saber y por el simple hecho de hacer daño o llevar la contraria.

Y sí, me encanta reírme de tonterías, creo que es con lo que más me divierto. ¿Que soy simple? Creo que no. Simple es el llano, el que se mantiene impasible ante todo, el que no es capaz de sonreír a la vida y reírse de sí mismo. El que se cree por encima del bien y del mal, el que tiene miedo al ridículo. A los otros, los llamo sabios, más que inteligentes, porque son únicos viviendo su vida y sabiendo que no siempre lo popular o lo bien visto es lo correcto. Sabiendo que la forma de mirar de cada uno no tiene que ver con la edad, sino con el espíritu que lleves dentro y quieras seguir alimentando.


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No más miradas vacías

Y que sé que si no estás a mi lado es porque no tienes que estarlo. Lo que nunca entrará en mi cabeza es por qué ayer mismo sí y sin ningún cambio aparente, hoy no. Eso es lo que no puedo entender y es lo que realmente me duele, me gustaría aunque sea una breve explicación, ya será problema mío seguir mal o bien después de ella.

Las cosas no son blancas o negras, hay grises y muchos otros colores. Y no hablo solo de parejas, precisamente no es lo que tengo ahora mismo en la cabeza, así que nadie lo interprete como que estoy dolida con los hombres. Hablo de la amistad, hablo de relaciones esporádicas que se olvidan de un día para otro.

No quiero creer y me niego a hacerlo, que la gente pase por mi vida sin más. Que un día sea maravilloso y te alegres de haber conocido a esa persona y al otro parezca el vecino de la casa de enfrente, que te suena y sabes quién es, pero sin más. A ver, que todos somos mayorcitos y sabemos a qué me refiero, que también hay gente que pasa por mi vida y se fuga en un segundo, sin importarme, pero hablo de la que te da, te aporta y a la que te entregas y de repente, ¡zas, adiós muy buenas!

Siempre digo que necesito cerrar puertas o poner un punto y final, llámalo como quieras. Porque ya he dicho que las puertas entreabiertas se terminan por enquistar y a la larga duelen mucho. Porque aunque no queramos, nuestra cabecita le dará vueltas en los momentos más débiles y nos preguntaremos por qué una y otra vez y solo encontraremos las respuestas que nosotros mismos queramos darnos para calmarnos y sosegar el momento.

Prefiero mil veces un lo siento me he dado cuenta de que me haces mal y no quiero que sigas en mi vida a que se borren del mapa de forma natural. Casi prefiero una simple excusa barata, que no se la cree ni quien la dice, que un desaparezco sin más. No me enfado, me encanta la sinceridad y la valoro por encima de todo.

Está muy bien que miremos por​ nosotros, pero un poquito de empatía de vez en cuando no viene mal. Nos deberíamos preocupar más de cuidar a nuestra gente, a todos los que tenemos alrededor y no tanto de salir guapos en todas las redes sociales o de aparentar ser lo más feliz del mundo. Todos alguna vez nos hemos arrepentido de nuestra actuación hacia alguien y a veces las disculpas llegan demasiado tarde.

Precisamente y cambiando un poco de tema, hace poco decía que la felicidad se vive no se comparte y justo hoy leo en una red social lo siguiente: el amor se vive no se comparte. Un estudio que dice que las parejas que menos comparten su relación en redes sociales son las más felices. Y estoy totalmente de acuerdo. Justamente por lo que digo, nos dedicamos más a aparentar que a cuidar. Y debemos cuidar todos los tipos de amor, sean en pareja, en amistad, en familia o en el formato que más nos guste, porque amor hay para dar y regalar.

Así que digo NO a esas miradas simples y vacías, que marcan, pero no van más allá sin un sentido ni una razón de peso, simplemente por orgullo, por dejarse llevar y muchas veces por querer ser lo que no somos o por intentar interpretar lo que la otra persona piensa o siente. No nos confundamos y no tengamos miedo a decir lo que sentimos y a escuchar lo que quiere o siente el otro. Hablando se entiende la gente y surgen cosas que jamás imaginaríamos. No imaginemos y actuemos, seguro que ganamos mucho más.