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¿Miras con la cabeza o con el corazón?

¿Por qué muchas veces parece que lo que decidimos con la cabeza es más correcto que lo que decidimos con el corazón?

Nuestra cabeza es fría, muchas veces calculadora, analítica, poco improvisadora, mientras que nuestro corazón es caliente, sin visión de futuro y al que le encanta improvisar y disfrutar del momento.

Dicen que debemos tomar las decisiones con la cabeza fría, por lo tanto, que dejemos pasar las emociones para actuar de la forma más acertada. Pero no sé si estoy muy de acuerdo con esta afirmación, porque considero que muchas veces nos iría mejor si dejáramos a un lado esa frialdad y nos dedicáramos a tomar las decisiones haciendo caso a esas emociones, que al fin y al cabo son las que nos van a llevar a esa felicidad que buscamos.

Igual nos llevamos palos sí, pero ¿no nos los llevamos ya cuando pensamos fríamente las cosas?, pues por lo menos vamos a hacer lo que nos apetezca, ¿no? Porque yo he descubierto que la razón no siempre lleva ni tiene por qué llevar la razón.

Sé que no se puede aplicar a todas y cada una de las decisiones en las que nos encontremos pero seguro que en algunas de ellas nos vendría mejor.

A veces decimos, quiero hacer esto pero no debo, ¿por qué?, si es lo que sentimos será por algo, igual lo que no está bien es seguir con lo políticamente correcto y con lo que el resto va a ver como bien. Volvemos a lo de siempre, seguir los clichés establecidos para que nadie vea que desentonas y te hagan preguntas como: ¿y de verdad trabajas en eso?, ¿lo has dejado todo para…?, ¿te merece la pena hacer lo que haces? ¡Y por qué no, señores!, que nunca me ha gustado ser oveja y pastar con el rebaño…

No sé vosotros, pero yo me canso cada vez más a menudo de ponerle cordura a todo, aunque al final me “arrepienta” de lo más espontáneo y sin preparados. Y recalco “arrepiento” entre comillas, porque no me supone ninguna pena. Es más, creo que me he arrepentido más seriamente de cosas que por hacer caso a mi cabeza no he llegado a realizar.

Es más, el por qué se lo pregunta nuestra cabeza, pocas veces lo hace el corazón y he comprobado que preguntarte por qué es algo que da verdaderos quebraderos de cabeza. Y esa sí que se rompe y no el corazón y con la cabeza rota, le podemos decir adiós a todo lo demás. Preguntarte por qué te lleva a un lugar inseguro y te hace entrar en bucle, porque por más respuestas que encontremos, es complicado dar con la correcta, con la que nos arregle y nos monte de nuevo las piezas desmontadas de nuestro órgano rector, de ese importante para todo, pero no siempre oportuno para dejarte llevar.

La cabeza es recta, casi siempre, y el corazón es como un niño, rebelde, que busca saltarse las normas para divertirse y disfrutar, sin pensar en las consecuencias y sobre todo sin miedos, esos que nos paralizan y nos obligan a dar pasos hacia atrás.

No sé con qué miras tú, pero yo tengo claro que todas mis miradas son y salen de mi corazón 😉

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¿Miradas filosóficas?

Hoy en día oímos muy a menudo eso de que la vida son 2 días y que tenemos que disfrutar al máximo, que todo aquello que nos pase fuera del ámbito de la salud no tiene ni mucho menos la importancia que le damos.

Lo escuchamos tanto que cada vez somos más personas las defensoras de esta forma de pensar. Y llegamos a decir y escuchar eso de: sé que me estoy poniendo muy filosófico. Pero aquí me parece que estamos confundidos, porque no es filosofía barata, ni algo difícil de comprender. Es lo básico, el cimiento sobre el que tenemos que basar nuestra vida.

Porque ¿qué ocurre si lo dejas con tu pareja porque es lo que tu cuerpo te pide? Te da pena sí, llorarás y te preguntarás si estás tomando la decisión correcta, pero si tienes y sientes la necesidad de hacerlo, por algo será, simplemente si has pensado en ello, estoy convencida de que algo no va bien.

¿Qué ocurre si te separas de una persona tóxica o negativa?, exactamente lo mismo. ¿Qué ocurre si dices lo que sientes o si no quieres hacer lo que te imponen y optas por hacer lo que te apetece y te da la gana?

¿Qué ocurre si dejas de pensar en el futuro, en el qué pasará y dejas de lamentarte por el pasado?

Simplemente no pasa nada, disfrutarás mucho más del presente, porque la vida son 2 días y hay que disfrutarlos sin miedo, con quienes tú quieras y donde tú quieras.

Convertimos en traumas todo lo que nos ocurre y más. En muchos casos serán verdaderos, pero en muchísimas ocasiones exageramos. Nos gusta quejarnos y ser víctimas, dar pena y que la gente se apiade de nosotros. ¿Por qué me pasa a mí todo? ¡Me voy a quedar solo toda la vida! ¿Por qué todo me sale mal? ¿Seré yo?

Y de aquí pasamos al, bueno, yo creo que hago todo lo bueno que puedo, son los demás los culpables de todo lo que me pasa, he tenido mala racha, pero verás como si tengo paciencia algo bueno me espera.

¿Algo bueno te espera? ¿Estás seguro que no te está pasando nada bueno ahora? ¡Ah no, claro!, que estar sano, tener amigos y una familia que te quiere y apoya es algo normal que tiene casi todo el mundo y eso es lo mínimo. Es que ahora parece que estar vivo no sirve para nada.

¡Pensemos! No es así, ¿verdad?, así no son las cosas, por eso digo que es lo básico, en lo que todo se apoya, lo importante.

Todo lo demás son colorantes, conservantes, potenciadores del sabor, aderezos que dan toques a nuestra vida a lo largo del tiempo. Unas veces más dulces, otros más amargos, unos anularán tu esencia, otros la potenciarán y te darán más energía positiva.

Igual que cuando cocinas un plato, poco a poco lo vas perfeccionando y así es nuestra vida. Todos tenemos una base y si ésta es sana y fuerte, podremos seguir probando y acertando o no, formando nuestro propio ser y nuestra propia vida. Pero hay que tener ese pilar en condiciones, es lo principal, no intentemos comenzar la casa por el tejado, porque puedes comprobar por ti mismo que eso a medio, largo plazo, no funciona.

¿Creéis que es una mirada filosófica? ¿O es la base de nuestra vida? Juzguen ustedes mismos 😉


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Miradas que alardean

Está muy bien eso de creer en ti y de valorarte, es algo imprescindible para llegar a desarrollarnos al máximo como personas. Pero una cosa es creer en ti y en todo lo que eres capaz y otra es creerse el mejor en todo y llegar a convertirte en alguien prepotente.

Muchas veces parece que cuanto más decimos lo guay que somos, lo bien que lo hacemos en el trabajo, lo bien que vestimos, lo guapo que soy y la pareja perfecta que tengo, más creo en mí, y mira que últimamente me he topado con gente así y con mucha a lo largo de mi vida, pero a mí me genera el efecto contrario.

Porque además, si conoces un poquito a la persona, sabes que eso no es así en muchas ocasiones, por no decir en casi todas. Y aunque lo sea, es un poco feo ir alardeando, ¿no? Yo lo veo así, no sé, será que prefiero lo sencillo y valoro más a la gente guay que no tiene porque decirlo.

Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces, eso es, es este el refrán que me viene al pelo para explicar esta sensación.

¡Ojo!, que no estoy diciendo que nos tengamos que quitar méritos por lo que hagamos, que si lo tenemos que decir, adelante, alardeemos de éxito, pero siempre es buena la moderación, en todo, porque entre el negro y el blanco hay infinidad de grises y matices y esos son los difíciles de ver, pero a la vez tan necesarios…

Y creo que lo mejor es que te lo digas, una y otra vez, pero a ti mismo, a modo terapia, para creértelo. Puede sonar contradictorio, pero estoy segura de que me entendéis.

Si alardeas y cuentas todo lo que haces es porque no estás haciendo ni la mitad, estoy tan convencida de esto…

Porque Excusatio non petita culpabilita manifesta, que decían los romanos. Podríamos llevar esta frase a este escenario, porque si nadie te ha pedido que le cuentes lo grande que eres, ¿por qué lo haces? ¿Tienes complejos que esconder? ¿Te tienes que reafirmar diciéndolo en alto? ¿Contándolo? Puede ser y es respetable, pero hay otras maneras de creer más en nosotros y de hacer ver todo lo que valemos, como decía hace poco, con hechos.

No sé, me cabrea y me repatea que alguien haga eso y creo que se me nota, porque debo poner una cara como la de la foto y la indiferencia en mi actitud en estas situaciones me delata, aunque sea una persona que me cae fenomenal y con la que me lleve bien. Algunas veces he pensado que puede llegar a ser envidia, ¿seguro?, mmmm, no, creo que no, creo que la envidia es otra cosa, de la que hablaré próximamente…

No me gusta la apariencia, me gusta la sinceridad, no me gusta lo fuerte sin más, me gusta lo sensible, no me gusta el “yo más”, me gusta el “juntos más”. No me gusta que alardees, me gusta que seas tú 😉


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Hoy te miro a ti, mi otra mitad

¿Ves? Te dije que llegaría, pero te precipitaste el otro día ;). Y es que ¿cómo voy a dejar de mirarte a ti?

Sabes que aunque os quiera tiene que haber un clic en mi interior que me diga: ¡ahora! Y esta mirada lleva dando vueltas dentro de mí desde aquella noche el pasado verano, seguro que la recordarás, en la que fuiste mi mami, mi amiga, mi doctora y mi salvadora. Porque te desperté sin sentido a media noche y no dudaste en ofrecerme todo tu cariño cuando yo estaba sufriendo un ataque extraño en mi interior. Esas cosas que de repente llegan y no sabes qué es lo mejor y en este caso tú fuiste la mejor opción.

Pero no solo te miro por eso, te miro porque sabes quién soy y cómo tratarme en cada momento. Una sola mirada por la mañana nos dice cómo estamos o cómo hemos pasado la noche y eso amiga, es algo mágico.

Si cuando digo que me casaría contigo no lo digo por decir, lo digo porque estoy bastante convencida de que eres mi otra mitad, ¡qué lástima que no te llames Lolo!, jajajajaja. Pero sabemos que en un futuro antes de vivir solas con un bonito gato, podremos hacernos compañía.

Sé que nunca me perdonarás aquella cobra que te hice, pero tampoco olvidarás nuestras ferias, nuestros momentos de playa, nuestros conciertos y festivales, nuestras salidas latineras, nuestros encierros en un baño para aguantar pañuelos llenos de lágrimas. Lágrimas que nos salen cuando ya no podemos dar más y sentimos que nos traicionan o que hay poca gente a nuestra altura, y con este comentario no pretendo ser prepotente, pero es difícil encontrar a gente que se preocupe más por los demás que por uno mismo y para mí esas personas son las más ”altas” del mundo. Tan altas como tú.

Aún recuerdo el primer día que te vi, poniendo tu comida en un microondas de un lugar sito en Pozuelo, con tu pelo casi por la cintura, solo dije: ¡uy, esa chica es nueva y muy mona por cierto! Lo que nunca imaginé es que unos años después iba a conocer que también eras mona, muy mona por dentro y que te ibas a convertir en una de mis mejores amigas.

Sé que muchas veces te cuesta exteriorizar las cosas e incluso puedes parecer fría y muy muy fuerte, pero a mí no me engañas y solo quiero que sepas que este año y el que viene y el siguiente seré tu luz guía si lo necesitas, porque suficiente luz me has dado tú a mí en muchos momentos. Estando juntas, te aseguro que nunca vamos a quedarnos a oscuras, ¿te queda claro? 😉

Además, tenemos un sueño compartido, tenemos un sueño en común y si puedo cumplirlo contigo estoy convencida de que los resultados se multiplicarán por dos. ¡Ve ensayando dedicatorias y firmas!

Pues eso, que te quiero infinito y que infinita espero que sea nuestra amistad. Gracias por estar siempre ahí, llueva, truene, haga sol, nieve o ventisca. Gracias por tus risas y nuestros atracones de drakis y gusanitos. ¡Ah!, solo te pido una cosa, que nunca, nunca me sueltes la mano. #contigo 🙂


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Miradas que muestran y demuestran

Habían quedado para pegarse. Increíble pero cierto, una conversación verídica entre un chico y alguien al otro lado del teléfono en el metro.

Pero ¿qué tiene la gente en la cabeza?, pero ¿cómo te puede poner quedar para pegarte con alguien?, ¿por qué hay que demostrar que somos mejor que el otro de esta manera? y es más, ¿por qué tenemos que demostrar que somos mejor que el otro?, ¿por qué tenemos que demostrar nada?

Creo que ni siquiera habría que demostrar que eres bondadoso, bueno, inteligente, las cosas se demuestran con hechos, no hace falta implicarse en la batalla de “y yo más”. Pero si además se trata de demostrar la superioridad física, ¡apaga y vámonos!. Haciéndolo demostramos algo y no es otra cosa que lo que tenemos en nuestro interior, es decir, un vacío o una rabia que hay que liberar para no hacernos daño a nosotros mismos.

Pero como siempre hago, voy a ir un poco más allá, tendríamos que dedicarnos a vivir y a ser las mejores versiones de nosotros mismos, qué me importa si la otra persona dice o piensa qué soy yo o qué hago. ¿Me importa a mí?, ¿me hace daño a mí? Pues entonces, qué más da.

Es complicado, lo sé, todos hemos tomado decisiones alguna vez pensando en los demás y ¿a qué nos ha llevado? Muy probablemente a equivocarnos, porque no hemos pensado en nosotros, en nuestros deseos y sueños.

Pretendemos siempre ser políticamente correctos y luego nadie es correcto, políticos sí pero no correctos ;).

Porque en nuestro afán por quedar bien y pensar en el qué dirán, tomamos decisiones y se nos olvida que nosotros somos lo más importante, porque a la otra persona puedes hacerle daño y ya se le pasará, pero si te haces daño a ti mismo, te costará perdonarte y es muy probable que al final acabes haciendo el mismo daño o más a los que están a tu alrededor.

Para demostrar hay que ser consecuentes con nuestros actos, y digo actos que no pensamientos, porque por mucho que pienses de una forma, como lo que vean los demás sea contrario, con eso nos quedamos. No sirve de nada que digas que eres educado, atrevido, comprensivo, si lo que demuestran tus actos es justo lo contrario. Porque eso sirve para quedar bien durante un breve periodo de tiempo, hasta que se descubre el final de la peli…

Todos en algún momento jugamos a mostrar y a aparentar ante el otro, pero se nos olvida muchas veces mostrarnos y demostrarnos a nosotros mismos, llegándonos a creer que lo que mostramos es lo que realmente nos caracteriza. Acabamos mostrando aparentemente lo que tiene que ser mejor, engañando al de enfrente y en consecuencia a nosotros mismos.

Y tú, ¿demuestras lo que muestras?


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Miradas irreales

¿Cuántas veces nos disgustamos porque en nuestra cabeza hemos creado una historia que luego no tiene mucho o nada que ver con la realidad?

¿Cuántos chascos nos llevamos por idealizar una situación que se va a dar en el futuro y que luego resulta no ser tan idílica e incluso termina siendo un auténtico desastre?

A quien no le haya pasado esto nunca que me escriba por favor, me gustaría conocer su secreto 😉

Porque muchas veces, cuando tenemos una cita, una reunión con nuestro jefe, una cena de amigos, un viaje, nos creamos expectativas, buenas o malas. Pero ya no solo es eso, muchas veces nos montamos nuestra propia historia, sí, sí, con diálogos y todo incluido. Y claro, pocas veces nos paramos a pensar que la otra persona, personas o las circunstancias de alrededor también cuentan.

Incluso a veces sí que los tenemos en cuenta y nos imaginamos, casi como si fuera real, su respuesta, sus gestos, sus reacciones, lo que pasa por su cabeza…

¿Qué suele pasar entonces? Pues según mi experiencia, las siguientes situaciones:

  • Puede ser que las expectativas sean muy buenas y que después llegue la decepción, las preguntas de por qué, la rabia y la impotencia.
  • Puede ser que las expectativas sean más bien malas o incluso nulas y finalmente nos llevemos una sorpresa gratificante que nos deje un buen sabor de boca.

Podemos decir entonces que mejor pensar en negativo y así el choque es menor, ¿no? ¡Pero cuidado!, no podemos vivir en esa espiral de la negatividad, porque entonces toda nuestra vida se verá condicionada por ese pensamiento.

  • Además, existe una tercera opción, la de que se cumplan las expectativas, tanto en su versión de buenas y positivas, como en su versión de malas y negativas. Con las primeras saldrás triunfador y con un subidón que te mantendrá en lo más alto durante un tiempo. Pero con las segundas…, pues con éstas saldrás reforzado, porque ya lo sabías, pero por dentro seguramente estarás hecho polvo, ¿verdad?

Llamadme rara, pero lo considero algo tan común…

¿Y por qué hacemos esto? Pues vete tú a saber, imagino que porque vivimos así, de ilusiones. A mí me encanta imaginarme situaciones que a veces luego se cumplen y otras ni siquiera se acercan ni un poquito a la realidad, vamos que no se acercan ni a ser.

A veces no pasa nada y simplemente nos llevamos una bonita recreación en nuestra cabeza. Otras, sin embargo, se nos enquistan porque nos crean falsas expectativas que nunca llegan a cumplirse, por lo que llega la decepción y a veces el sentimiento de culpa.

Pero creo que es necesario volar de vez en cuando, aunque tengamos los pies en la tierra. No sé, por ahí dicen que de ilusiones se vive :), solo tenemos que diferenciar entre la realidad y las miradas irreales, haciendo lo posible porque lo único que nos haga daño, si es que hay algo que tiene que hacérnoslo, sea solo lo que ocurre en la realidad.


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Una mirada a 2017

Hacer balance de este año es fácil y gratificante. Podríamos decir que ha sido muy parecido al del año pasado pero con cambios, cambios de los buenos que me han hecho volver a ser yo.

Y es que hubo una época del año en la que Cristina se volvió un poco arisca, bastante negativa y protestona, hubo una época en la que Cristina no era ella muchas veces y tuvo que plantearse hacer algo porque perder su esencia no era lo más deseado ni por ella ni por el resto de personas que la rodeaban.

Y decidió cambiar, decidió salir de su zona de confort, en el trabajo, en sus relaciones personales, incluso en su interior, comenzando un proceso de autocrítica y descubrimiento interior que le dio vida.

Y gracias a estos cambios ha empezado, poco a poco, a recuperar su verdadera esencia, esa que no perdió hace un año, ni dos, esa que había perdido hace mucho tiempo, sin apenas darse cuenta.

Ella ha sido muy importante, imprescindible en este proceso, pero nada hubiera sido posible sin las personas que la han rodeado, las que la apoyan, la riñen y la animan a seguir adelante.

Nada hubiera sido posible sin sus Martas, su Patri, su Miguel, su Nico, su Perdi y todos los compis del que durante 9 años ha sido su departamento. Sin los viejos, los nuevos y los que se fueron y ahí siguen: Evi ;).

No hubiera sido posible sin los de toda la vida: Merce, Carol, Laura, Sara, Marta, Sonia, Óscar J. y Óscar Z., Miguel, Pablo, Cabe, Kike, Víctor, Ana Belén, Raquel, Vanessa.

No hubiera sido posible sin sus compis de flamenco, Mar, Ada, Ana y sin esa magnífica profe, Sara. Mención especial a su chico, Bobby, no hace falta que diga por qué: Gracias.

Sus otras Patri, Romerito, Víctor, Elena, Sandra y su Yoa, tan especial y tan maestra de la vida.

Y no puede olvidarse de su bonita familia, siempre ahí, aguantando sus tonterías, sus éxitos y fracasos, los que la perdonan todo y los que la cuidan y miman cada día.

Gracias a todos por lo que me aportáis, seguro que no he nombrado a todos, pero estáis ahí y lo sé. Gracias también a los que han venido y se han marchado, porque de todos he aprendido y gracias a los que han llegado y parece que se quedan, Jandri, esto va por ti. Gracias por enseñarme lo que es la paciencia y a ver más allá. Gracias por hacerme volver a creer en lo que ya no creía y enseñarme a saborear más las cosas.

Solo deseo que sigáis siempre ahí. 2018 no será lo mismo si alguno de vosotros faltáis. ¿Seguimos celebrando juntos?

¡Por un 2018 lleno de miradas bonitas!